¡¡¡ La vida es hoy !!!


De la Pagina de Carlos Juan Bianchi Médico psiquiatra y psicoterapeuta. Tras la muerte repentina de uno de sus hijos en 1990 ha centrado su labor profesional en torno a la terapia de pareja y la elaboración de los duelos motivados por pérdidas significativas.
Un dejo de tristeza:
A veces alguien, cercano a nuestros afectos nos dice: “te noto triste”.
Sorprendidos o descubiertos, caemos en la cuenta que es cierto, que un dejo de tristeza nos ocupa en ese momento, sin que podamos relacionarlo con hechos actuales. Debemos reconocer que en nosotros, desde una aciaga fecha que todos recordamos muy bien, se ha instalado una tristeza esencial. Luego, a lo largo del proceso hemos ido encontrando algunas respuestas, y pergeñando un camino para poder seguir andando dignamente.
Si bien hoy la tristeza no detiene ese andar, es natural que a veces nos visite. No debemos preocuparnos.
Esa velada y sutil aflicción que aparece por momentos y que algunos, dotados de fina percepción puedan leer en nuestra mirada, es en todo caso un merecido homenaje para aquellos que hoy no están, y es también la evidencia de que no hemos elegido para mitigar los hechos, el facilismo que propone el olvido.
Frente a la tristeza:
1) Evitar las situaciones, las circunstancias y los encuentros que puedan aumentar el abatimiento.
2) Pensar que a nuestros hijos no les gustaría vernos en este estado.
3) Elegir las personas que sí puedan ayudarnos en ese momento con su continencia, con su mensaje, con su amor.
4) Evitar la ansiedad anticipatoria. Los hechos ocurrirán de todos modos, y tal vez de una manera menos dramática y dolorosa de la que usted piensa.
5) Tenga en cuenta que en su grupo hay compañeros que pasaron por esos mismos estados y que hoy se encuentran muy recuperados.
6) Nuestro hijo está en todas partes y especialmente en nosotros mismos. No lo lastimemos con nuestra congoja.
7) Pedir ayuda sanamente, es decir estar dispuesto a escuchar y a modificar actitudes.
8) Evitar encerrarse en sí mismo, aislarse. Si tiene pareja trate de compartir con ella su mal momento; si no la tiene, habrá alguna persona entre sus afectos que pueda cumplir esa función, y de todos modos el grupo del que participa, siempre estará a su lado en estos angustiosos momentos.
La vida es hoy:
En el ayer quedaron los recuerdos amorosos y los inevitables dolores.
Hoy, esos amores y esos sufrimientos viven en nuestra memoria y a menudo nos visitan, pero con una intensidad distinta a la que tuvieron en el preciso momento en que ocurrieron.
Mañana seguirán estando, seguramente, y sumados a las nuevas emociones que nos depare vivir.El pasado, con sus momentos felices, es entonces una añoranza irrecuperable. El futuro, ese futuro que nos encargamos de llenar con expectativas venturosas o con temores quizá infundados, es incierto.
Por eso la vida es hoy. Esta aseveración, elemental, es casi una inocencia reiterarla, sin embargo muchas veces nuestros miedos, nos impiden conjugar cada momento en el tiempo en que ocurren, el tiempo presente.

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